lunes, 18 de marzo de 2013

'De embalajes y armarios' por Boti García Rodrigo

Mi perro, ajeno a todo, toma tranquilamente el sol en la terraza. Es 10 de septiembre de 1981 y el Guernica ha vuelto a España. Después de tanto tiempo, a pesar de tantas cosas, lo he visto bajar de un camión de mudanzas. Ha pasado una gran parte de su vida explicando al mundo lo que aquí no se podía decir; ahora por fin, paradójicamente custodiado por la guardia civil, dentro de un enorme embalaje, llega el Guernica a España. Se expone como lo que es a la vista de todos.

No cabía el Guernica en la España fascista del general Franco. Picasso prefirió que el cuadro fuese custodiado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, dejando claro que su voluntad era que fuera devuelto a España cuando volviera a este país la democracia.

Faltan algunos años todavía para que yo pueda exponerme a la vista de todos como lo que soy. En la fecha que cuento vivo asfixiada, apenas cabe el aire en mis pulmones... En la fecha que cuento sigo aún viviendo presa de un sin vivir... viviendo, sí, como lesbiana, pero sin ser capaz de vivir de verdad, sin ser capaz de poner todos mis datos a la vista del mundo para así construirme. Todavía en la fecha que cuento yo me consumía en una total desazón. Era todavía alguien en busca de su realidad, dentro de su embalaje todavía.

Tuvo que pasar más tiempo aún hasta que, harta ya de estar harta, fuera capaz un día de buscar una ayuda y lanzarme a ella: una dirección en la guía de teléfonos se materializó en una librería especializada en homosexualidad a la que mi ansiedad y mis pies llevaron, casi sin pensar. Y me quedé plantada, allí delante. Nerviosa, un par de vueltas a la manzana y la entrada en tromba al local.

- Hola, creo que soy lesbiana y necesito un sitio para encontrar a más gente como yo. Saludé sin respirar, con la mano en el picaporte para agarrarme bien.

La dueña, amiga hoy después de tantos años, me miró sin mirar desde sus papeles.

- Tú necesitas ir a COGAM.

Un nombre, una dirección. Yo era una más a la que dar la misma solución ante la misma angustia. Una más metida en su embalaje necesitando respirar.

Ese COGAM que yo necesitaba, al que llegué asfixiada y apresurada y en el que encontré mi casa, resultó ser el Colectivo LGTB de Madrid y me salvó la vida.

Miente y se engaña quien piensa y sostiene que sólo a cada cual le importa su orientación sexual, que eso no es cosa de nadie más. Y se equivoca: la diversidad sexual y de género es una cuestión política y ha de ser tratada como tal. Mi orientación sexual es íntima y es además política, es mía y es tuya, me conforma como soy y es mi sitio en la vida y en el mundo. Soy como soy y ese soy es también y principalmente ser lesbiana. Eso lo aprendí en COGAM y más tarde en FELGTB.

Antes yo no sabía nada de todo esto. Sólo sentía que me faltaba el aire. Han pasado los años y muchas cosas con los años.

Y en este país ha sido preciso mucho tiempo para que muchas cosas encontraran su sitio en democracia... por ejemplo, la vergonzosa pervivencia hasta 1995 de la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social... la injusta permanencia en las cárceles de transexuales y homosexuales a quienes no alcanzó el indulto de noviembre de 1975, muerto el dictador, ni la amnistía de julio de 1976, ya instaurada la democracia... la espera hasta 1980 para conseguir ver legalizada la primera asociación de homosexuales.

Y antes de ayer todavía por ejemplo, la larga espera padecida hasta alcanzar la igualdad legal y simbólica del Matrimonio Igualitario, aprobado en 2005 pero declarado plenamente constitucional siete años después... ¿Cuánto más habrá de esperar la igualdad real para instalarse en todas las mentes, en todas las conciencias?

En 1981 el Guernica volvió a España. Me pregunté entonces si podría caber en ella. Me pregunto, Guernica, todavía, si la democracia cabe y se puede estirar a gusto entre nosotros. Mientras, ajeno a todo, mi perro toma el sol tranquilamente en la terraza.


Fuente: El Huffington Post





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