lunes, 16 de septiembre de 2013

'Soy chico y quiero llevar falda en mi graduación'

“Volar con la Mirada” de Nicoletta Tomás Caravia

Noelia Gabarre Mirete

Leo un titular de moda: “Los hombres podrán graduarse con falda en Cambridge”, y que nadie piense en las kilts escocesas…, la noticia no va sobre rescatar tradiciones pasadas.

Personalmente me alegra porque desde que vi no hace mucho las fotografías de un modelo en faldas, estoy esperando sin dedicarle mucho tiempo, pero sin olvidarme, a que algunos valientes se las pongan.

Pero el enunciado deriva de una petición que un grupo de gays propuso y que, al parecer, se ha resuelto sin contorsiones. Por fin las cosas van saliendo fácilmente, me digo, sin poner el grito en el cielo, con la naturalidad de las cosas cuando ocupan la importancia que realmente tienen.

Por fin los años de lucha están dando sus frutos: conseguir algunas metas sin tener que pelear con las fauces. A algunos les pudiera parecer aburrido o pasmoso, pero a mi entender está llegando la hora de desaprender a obtener las cosas por la fuerza y la conquista y, sin embargo, y mucho más difícil, de abrazar los logros con gratitud y calma.

Hacer un buen resumen panorámico nos obliga a no olvidar que años de lucha de unos pocos consiguieron hacer de la moda un aliado en la expresión de la identidad sexual, con el pago, eso sí, de mucha fuerza y dedicación, energía, ilusión y mucho rechazo. Que cada uno haga lo que quiera también en la materia del vestir, es algo que hoy suena ligero pero que ha llevado un largo camino de ir ganándole poco a poco terreno a la pétrea sociedad. Su súbdito, el mundo de la moda, cual herramienta, ha permitido ir abriendo las brechas del avance a aquellos que decidieron que ya iba siendo hora de romper las cadenas del miedo exponiendo con valentía una diferencia identitaria que era necesario poner de relieve en aquella etapa de la historia para que fuera integrada.

Fueron estos los tiempos de picar piedra, años en los que había que exponerse, había que demostrar, ir más allá de lo imaginado, trabajar y trabajar para algún día, lejano entonces, poder conseguir esa meta remota de alcanzar el respeto de los otros a la libertad de ser.

(Y uno a veces de tanto pedalear no ve que el momento de bajarse…)

El tiempo ha pasado y ahora que algunos frutos se van recogiendo, es hora de repensar qué es lo que se pretendía, hasta dónde hemos alcanzado y hacer un necesario reposicionamiento personal en base a nuestras propias respuestas. Porque lo que cuesta es frenar la inercia de seguir actuando como siempre cuando el entorno ya no es el mismo; y cuando la libertad de estar entre los demás va siendo ganada, queda la pregunta íntima de si uno mismo ha tenido tiempo entre tanta algarabía de conquistarla internamente, pero eso es otro capítulo, a mi entender el de ahora y el cual se hace en casa.

Por eso, si permitimos plantearnos un “hemos llegado” socialmente, implica una nueva vuelta de rosca mucho más sentida que sólo puede darse en la tranquilidad de que el trabajo grueso se está haciendo y se va a seguir haciendo sin la necesidad de todo ese caudal de energía que en el pasado ya le dedicamos.

Ahora lo que queda por crear es la historia de nuestro presente, que ha entrado en una etapa nueva, y que sin embargo nos plantea todo un reto personal porque de luchas conocemos todos mucho, pero no tanto, por desgracia de disfrutes,… y menos si son en soledad.